Descenso
al femenino profundo, recordando el tiempo en que Dios era Mujer.
Un poco de historia .
"Desde el principio de los tiempos, en todas la culturas prehistóricas,
la figura cosmogónica central, la potencia o fuerza procreadora
del universo, fue personalizada en una figura de mujer y su poder
generador y protector simbolizado mediante atributos femeninos -senos,
nalgas, vientre grávido y vulva- bien remarcados. Esa diosa,
útero divino del que nace todo y al que todo regresa para
ser regenerado y proseguir el ciclo de la Naturaleza, denominada
"Gran Diosa" por los expertos -o, también, bajo
una conceptualización limitada, "Gran Madre"-,
presidió con exclusividad la expresión religiosa humana
desde c. 30000 a.C. hasta c. 3000 a.C. En la Gran Diosa única
y partenogenética -bajo sus diferentes advocaciones- se contenían
todos los fundamentos cosmogónicos: caos y orden, oscuridad
y luz, sequía y humedad, muerte y vida , de ahí
que su omnipotencia permaneciese indiscutida por milenios (el concepto
de dios varón no apareció hasta el VI o V milenio
a.C. y no logró la supremacía hasta el III o II milenio
a.C., según las regiones).
Durante toda la era preagrícola el control de la producción
de alimentos y las instituciones sociales básicas, salvo
la defensa, estuvo en manos de las mujeres, a las que debemos la
gran mayoría de los adelantos psicosociales y técnicos
que nos condujeron hasta la civilización, y esos colectivos
matricéntricos fueron regidos por la idea de la Gran Diosa.
Pero, al adentrarse en la era agrícola, cuando las sociedades
se hicieron sedentarias y dependientes de sus cultivos, por una
serie de circunstancias imposibles de resumir en este espacio, el
varón se vio obligado a implicarse en la producción
alimentaria y comenzó un proceso de transformación
que desposeyó a la mujer de su ancestral poder y lo depositó
en manos del varón.
En unos pocos milenios, tras la implantación de la agricultura
excedentaria, surgió el dios masculino, el clero, la sociedad
de clases y la monarquía, mientras que la mujer fue quedando
reducida a un bien propiedad del varón. Obviamente, el dominio
del varón sobre la tierra tuvo su equivalente en el cielo
-los cambios sociales siempre se justificaron mediante cambios en
los mitos- y la deidad masculina comenzó a domeñar
a la femenina. La mujer y la Diosa fueron perdiendo su autonomía,
importancia y poder prácticamente al mismo tiempo, víctimas
de un mundo cambiante en el que los hombres se hicieron con el control
de los medios de producción, de guerra y de cultura, convirtiéndose,
por tanto, en detentadores únicos y guardianes de la propiedad
privada, la paternidad, el pensamiento y, en suma, del mismísimo
derecho a la vida.
Con el establecimiento
de la sociedad compleja en el Próximo Oriente y en Europa,
el papel y función social de la mujer y de la Diosa fueron
degradados sin compasión. La propia eficacia productiva de
la mujer -tanto en su faceta de reproductora como de recolectora
y horticultora-, que fue sostén de las comunidades humanas
durante cientos de miles de años, acabó siendo, por
motivo de cambios socioeconómicos inevitables, el origen
involuntario de la progresiva degradación social de las mujeres
y del proceso de trasvase mítico que llevaría a sustituir
la primitiva concepción de una divinidad femenina por otra
masculina. Aunque, a pesar de todo, ninguna formulación religiosa
posterior ha sido tan holística, inteligente y tranquilizadora
como la Diosa; y ningún dios varón, por muy Dios Padre
que se haya erigido, ha tenido ni tendrá jamás la
capacidad de integración y de evocación mítica
de la Diosa, por eso, aun en religiones patriarcales, lo femenino
ha perdurado agazapado bajo diversos personajes divinizados, como
es el caso de la Virgen católica, cuyos símbolos (luna
creciente, agua, etc.) son exactamente los mismos que identificaron
a la Gran Diosa paleolítica y neolítica. Dios, su
concepto, nació mujer."
"La
tierra es una mujer y la mujer es la tierra."
Círculo alude
al todo, a los 360º de la tierra y a lo que ella contiene,
a la integración de lo femenino con lo masculino, a la totalidad,
en todos los tiempos los chamanes se sentaron en círculo,
lo que la memoria ancestral repite y hoy siempre, espontáneamente
nos sentamos de esa manera cuando queremos tratar algo íntimo,
sagrado, verdadero. MADRE TIERRA alude al TODO, la Tierra, como
referente y parte de un TODO MAYOR, como es el Cosmos.
Hoy nos convoca al Círculo
la integración la fragmentación sufrida, la división,
la ruptura del sagrado poder. Esto no significa que el poder del
hombre esté completo, todo lo contrario, a ellos también
les falta la parte femenina, sólo que este círculo
es femenino, destinado a la búsqueda de lo femenino profundo,
aquello que fuera censurado hasta hacerlo desaparecer por quienes
temerosos del poder femenino, lo asesinaron, quemándolo en
la hoguera, millones de mujeres sabias quemadas lograron que hoy
creamos que nuestro poder no existe o está circunscrito a
valores estéticos o laborales de una brutal exigencia que
nada tiene que ver con nuestra esencia.
En un tiempo de terror
y competencia de lo yang sobre lo ying, se instaló sobre
el planeta una modalidad destructiva de la paz y el equilibrio como
es el dominio de la razón y la violencia sobre lo espiritual.
Si observamos el símbolo del ying y el yang es
fácil comprender que el dominio de cualquiera de las partes
es un desequilibrio.
Esta fragmentación afecta a hombres y mujeres, el planeta
es un todo, hombres y mujeres somos un todo, esta pérdida
nos deja en este estado de colapso que hoy se vive, guerras eternas,
hambre y violencia, la de las calles y las otras , las silenciosas,
las que ejercen los grandes grupos de poder.
Es tiempo de recordar, y así como fuimos las primeras en
sufrir la opresión, hoy nos convoca ese mismo sagrado poder
a ser sanadoras una vez más iniciando este camino de retorno
al femenino profundo en busca del poder perdido.
Recordar es una tarea
Chamánica, significa regresar, conectar esa parte que nuestra
razón olvidó, que es nuestra esencia sagrada, que
está allí, esperando que la memoria recuerde y con
el recuerdo active las potencialidades de esos tiempos en que éramos
Diosas. Este Círculo nace con la intención de recuperar
esa parte que se perdió en el tiempo, el poder de lo femenino,
lo espiritual ante lo racional, la vida ante la muerte, la paz ante
la guerra.
La mujer de hoy toma características
del varón que no le favorecen y la condenan a una soledad
no deseada, estas "hijas del padre" perdidas en la búsqueda
siguen tomando como paradigma del poder el referente masculino,
por ser el modelo de poder que conocen, ya que nuestras madres y
abuelas sólo pudieron mostrarnos como someternos, nuestras
Diosas Madres se pierden en el tiempo y es ahora, la propuesta de
este Círculo rescatarlas para poder acceder el poder de ser
tan poderosas y salvajes como lo deseemos, más allá
de los límites, de los tabúes, de los miedos, y de
los convencionalismos socio-culturales-religiosos que nos limitan.
Cuando una mujer está
sumida en depresiones, en neurosis, es su femenino profundo que
clama por ser reconocido y liberado, la esencia natural y vital
pugna por manifestarse, es necesario encontrar la puerta para que
pueda fluir.
Todos tenemos el mismo
monto de energía, lo que difiere es el uso que hacemos de
ella, si una mujer se somete a lo "que debe ser o hacer"
esa mágica y poderosa energía, se transforma en enfermedad,
depresión o alguna manifestación negativizada de su
poder, se mostrará tensa, angustiada, confundida, obsesiva,
crítica, trabajará en una multinacional 14 horas diarias,
tendrá una profesión que no ama, correrá tras
sus niños esperando que "rindan" como corresponde
llevándolos a sus múltiples actividades diarias, tendrá
un marido incompetente al que deberá cuidar-soportar, o vivirá
sola comprimida entre el estrés, el trabajo, la soledad y
la angustia.
En cada mujer habita una Lilith, aquella que fuera desterrada del
paraíso, considerada un demonio, sin embargo, Lilith no nació
demonio. En estos maravillosos tiempos donde todo se puede re-descubrir,
es la oportunidad de al menos investigar en todas estas supuestas
demonizaciones de el poder femenino. La llegada del patriarcado
puso fin a los ritos sexuales celebrado en el templo de la Diosa,
eliminando así la fuente principal del poder femenino, al
considerarlo como, algo digno de ser temido por su influencia sobre
los hombres, y que por lo tanto debía mantenerse bajo control.
De ese modo, la sexualidad femenina se convirtió en algo
diabólico.
Descubrirla y liberarla es habilitarnos a la vida y a la libertad.
Es aprender a vivir bajo nuevas leyes que sólo respondan
a la vida
Junto a ella hay múltiples arquetipos femeninos a nuestra
disposición, entre los cuales seguro está aquél
que nos permita elegir entre ser aquello que se espera de nosotras
o buscar, encontrar y liberar esa fuerza mágica y ancestral
que nos habita, para disfrutar y lograr aquello que anhelamos. Recordando
La Diosa, somos La Diosa, Madre Tierra, Pachamama.
Para más información
ó contacto con Elvira por favor |clickee
aquí|
TALLER MADRE TIERRA
Es un espacio semanal de
encuentro para la sanación del poder Femenino.
Es un lugar donde compartir experiencias
y aprender a usar constructivamente nuestra energía,
la que todas tenemos pero a veces creemos no tener, debido
a patrones culturales, sociales y/o familiares, es decir
recuperar nuestro poder, para luego realizar nuestros proyectos
de vida.
Es un reencuentro con nuestra naturaleza
instintiva, natural y salvaje, un reencuentro con el Alma
Femenina.
Se utilizarán
distintas técnicas Chamánicas y Psicochamánicas
- Técnicas de comunicación
para sanar los vínculos
- Identificación de Arquetipos con: Mujeres que Corren
con los Lobos
- Mandalas
- Meditación chamánica
- Interpretación de sueños
- Manejo de la Energía
- Rastreo de creencias
- Rituales
- Técnicas Chamánicas de adivinación
El espacio será de contención, compromiso
y respeto, un lugar para sanar y crecer juntas.
Grupos reducidos.
Facilitadora: Elvira Danza- Consultora
Chamánica
Consultas por horarios: 4773 6110 - talleres@elvuelodelaguila.com.ar